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Canarios.
Cuando dio un paso a la calle, nuestro personaje sintió ese vacío de milisegundos entre el cordón y el pavimento, un poco mas largo de lo normal, como si el universo hubiese tenido un pequeño desliz. Al pisar la calle, su cabeza por dentro estaba un poco blanca y pesada, pero al ver que el mundo giraba a la misma velocidad, y todo era igual, lo atribuyo a alguna teoría psíquica un poco mas tangibles.
Durante todo el día tuvo una extraña sensación, como si cada átomo de hierro que se encontraba en su sangre, iba apuntando a distintos lugares, con una fuerza muy sutil, muy suave, casi imperceptible como para marcar un rumbo, solamente lo sentía.
Estos actos extraordinarios ocuparon su conciencia durante todo el día, nunca había hecho tan poco trabajo un día jueves, soleado y fresco, su día mas productivo.
Volviendo para su departamento, caminando de noche, empezó a sentir un vacío en su cuerpo, una molesta saliva volvía a su boca para ser tragada nuevamente. Comenzó a preocuparse seriamente, no había ocurrido nada fuera de lo normal durante esa semana, no encontraba explicación para una enfermedad, ¿es una enfermedad? Se preguntaba, no se sentía como tal, sino simplemente como la falta de una, como la sensación de un bienestar que tanto había habitado ese cuerpo y empezaba a impacientarse.
Luego de caminar varias cuadras haciendo recapitulaciones de los alimentos comidos hace algunos días, sobre actividades físicas o la falta de las mismas, llego a su casa.
Estando adentro su cabeza se estabilizo, cocinó, comió sin ganas, y se acostó.
No era fuera de lo común que se quede alguna que otra hora en la oscuridad mirando el techo, buscando formas o simplemente pensando. Pero esta vez era distinto, durante toda la noche tuvo la impresión de estar siendo alcanzado por alguna energía impalpable, por un polvo infinitamente delgado y de colores. Una estática peculiar se deslizaba por su piel, y la erizaba, no sentía miedo, todo estaba muy lejos de esto, lo disfrutaba y trataba de verlo, de percibirlo cuanto mas podía.
Se despertó solo, sin que nada atormente su sueño, se encontraba exactamente en la misma posición en la que se había quedado dormido, miro el reloj y este daba las cinco y cero seis, la luz era muy naranja. Se deserto súbitamente, sin alarmarse, pero con una dirección infranqueable, fija, pesada como el mármol. Tardó en darse cuenta que el reloj decía PM, habían pasado mas de catorce horas. Su cabeza se encontraba muy liviana, parecía como si alguien hubiese vaciado la atmósfera de una montaña adentro de su cráneo, estaba fresca, estaba limpia.
Se vistió sin apuros, sabía que sea a donde sea que tenía que ir no podía llegar tarde. Llegue a la hora que llegue, y al lugar que llegue, iba a ser el lugar justo, a la hora justa.
Salió a la calle, no veía. El hierro de su sangre parecía que haría saltar las venas fuera de la piel, ese era el camino.
Caminó lento, a su ritmo. Cada paso que daba, tenia la misma sensación que aquel extraño del día anterior, cada paso era eterno, pero con una certeza infinita, cada paso llevaba al lugar justo.
Sin darse cuenta caminó once cuadras, salio un poco del centro de la ciudad, donde se encontraba su departamento y entraba a una gran plaza, a un parque donde el no solía frecuentar, sus pies lo llevaban a un lugar fuera de su lugar de común. De pronto estos se detuvieron, y sus rodillas de doblaron, dejando sentar el cuerpo sobre un tronco seco, suspiró.
Sus ojos abiertos a los que les era indistinto ver, comenzaron a hacerlo, vio el rostro de una mujer, la contemplo durante algunos segundos, lo mismo hizo ella. Nadie emitió ninguna palabra, el universo calló y se abrazaron.
La persona que se encargaba de limpiar el parque, se extraño cuando pasó por un tronco seco, y vio la cantidad de canarios amarillos que habían sobre él, cientos, quizá infinitos, tranquilos, comiendo, yéndose uno a uno.
-santy.arcusa
Aquiles y la tortuga.
Por un instante, por más mínimo que sea, nuestros ojos se cruzaron. A ellos no les importó nada y cruzaron el grueso vidrio sin ningún inconveniente, como cruza la luz para consagrarse en un arco iris, nuestros ojos se consagraban en pupilas ajenas.
De repente y casi decepcionados pero advertidos de esto, comenzamos a desfasarnos, yo de a poco la alcanzaba y luego lo hacía ella. Era un juego divertido y nos gustaba, sobre todo porque aminoraba el inminente destino que nuestros ojos encontrados iban a tener.
De esta forma, cual Aquiles y la tortuga, por mas que trate de alcanzarte con todo mi ser, siempre ibas a estar un paso adelante, un paso eterno. No nos separaban distancias sino dimensiones, y no estoy seguro de que alguna vez más que virtualmente hayamos estado en la misma.
-santy.arcusa