Aquiles y la tortuga.
Por un instante, por más mínimo que sea, nuestros ojos se cruzaron. A ellos no les importó nada y cruzaron el grueso vidrio sin ningún inconveniente, como cruza la luz para consagrarse en un arco iris, nuestros ojos se consagraban en pupilas ajenas.
De repente y casi decepcionados pero advertidos de esto, comenzamos a desfasarnos, yo de a poco la alcanzaba y luego lo hacía ella. Era un juego divertido y nos gustaba, sobre todo porque aminoraba el inminente destino que nuestros ojos encontrados iban a tener.
De esta forma, cual Aquiles y la tortuga, por mas que trate de alcanzarte con todo mi ser, siempre ibas a estar un paso adelante, un paso eterno. No nos separaban distancias sino dimensiones, y no estoy seguro de que alguna vez más que virtualmente hayamos estado en la misma.
-santy.arcusa